martes, 19 de noviembre de 2013

La Tierra sueña


He leído que el papel nos es indefinidamente reciclable, ni tampoco el cartón. El metal es quizá el material que resiste en mayor grado un reciclaje continuo por mucho tiempo. Muy al contrario de lo que ocurre con el plástico, uno de los residuos sólidos más perjudiciales para el medio ambiente, para la naturaleza. Imaginen que hasta 500 años pueden tardarse los componentes plásticos en biodegradarse hasta eliminar todo vestigio tóxico para el entorno natural de La Tierra. 500 años son más de 10 generaciones humanas y durante todo ese tiempo nuestro aire, nuestros bosques y suelos, nuestras aguas, flora y fauna serán víctimas y tendrán que lidiar con agentes ajenos a su estado originario. Y también nosotros, los seres humanos, tendremos que vernos siempre con los desechos que no han sido bien utilizados y que contribuirán a incrementar eso que llamamos contaminación.
Cuesta dinero, tiempo y mucho trabajo en estudios e investigaciones para poder detener los daños de toda esa basura que el ser humano produce imparable y sin apenas inmutarse por las consecuencias que causa a su alrededor. Sería mucho pedir que más de 6 mil millones de almas se pusieran a pensar qué hacer con ese papel, botella, envase de cartón o juguete de plástico al que no le encuentran mayor utilidad que la que encontraron satisfaciendo un deseo apremiante de consumo.

Miles de millones de euros se gastan anualmente en todo el mundo para financiar campañas de concienciación, sistemas de recolección de basura, división de los materiales reciclables y su posterior procesamiento para obtener un componente lo más límpido posible como para ser reutilizado en las diferentes industrias. La misión del reciclaje es loable, pero son pocos los que se involucran en esta ardua tarea que exige mucho y paga poco. 


Imaginarse por un instante que todos los materiales desechados por el ser humano pudieran ser reutilizados infinitamente, resulta un alivio en medio de tanta destrucción de nuestro medio ambiente natural. El hecho de que el plástico, luego de cumplir su primera función, pudiera ser colocado en una máquina fundidora, una y otra vez, eliminaría la necesidad de seguir fabricándolo, invirtiendo dinero y energía en nuevas fusiones de elementos químicos que se quedarían en el subsuelo, de donde son extraídos, verbigracia, el petróleo. 


El papel y el cartón reciclados eternamente, sin fecha de caducidad, lograrían lo que todos los gobiernos del mundo no han podido ni medianamente (sabemos que la mayoría es por falta de voluntad política y económica): detener la tala masiva de bosques. Con gran parte de la masa vegetal actual indemne, se restauraría un nuevo equilibrio ecológico, dando paso a la recuperación de terreno perdido durante tantos años de explotación irracional por parte del ser humano. Varios Amazonas resurgirían en disímiles territorios de La Tierra.


 

Sólo con que transcurran varios años desde el inicio del reciclaje masivo y perenne de todos los materiales sólidos que sirven a la vida moderna, el aire que respiramos elevaría su calidad, debido a la menor producción de gases químicos emanados de las fábricas, muchos de los cuales tienen efecto invernadero y contribuyen al calentamiento de la atmósfera. Ver que China o Estados Unidos están cerrando miles de plantas químicas, y abriendo en su lugar, centros de reciclaje continuado de papel, cartón, plástico, vidrio, metal y hasta telas, significa la creación de una gigantesca y novedosa industria ecológica, generadora de nuevos desafíos para las economías de los países. Aquellos que no hayan podido instalar una capacidad de reciclaje suficiente, tienen un tiempo perentorio para seguir fabricando los materiales contaminantes, pero están obligados a exportar los desechos a los centros mundiales de recepción y regeneración de basura.

La espiral ecológica

La sinergia está funcionando, todos estamos conscientes de que ahora presenciamos el inicio de una edad de oro, no solo para nosotros, sino también para aquellos seres vivientes con quienes compartimos los recursos que nos da la madre Tierra. Vemos como especies de animales cuasi extintos saltan del nivel crítico y alcanzan la paz con su ecosistema. Selvas enteras reverdecen y reinician su labor de oxigenación y control térmico de la atmósfera. Lagos, ríos, mares y océanos se vuelven diáfanos, permitiendo la entrada de los rayos solares que en algún momento dejaron de tocar su fondo. Esos mismos rayos solares ya no son tan inicuos para nosotros los humanos, porque la hasta ahora maltrecha capa de ozono, se ha vuelto más gruesa, filtrando hasta la última radiación ultravioleta. 



Es increíble que con tan solo reciclar papel, cartón, aluminio y otros metales, vidrio, telas y por supuesto, plástico, se haya alcanzado un nivel de bienestar colectivo como el que tenemos ahora. Sólo observen a su alrededor, la basura ha dejado de ser esa acumulación sólida maloliente, incómoda visualmente, inservible y difícil de desaparecer. Ahora es la solución para problemas, que por la ceguera de los gobiernos, líderes políticos, economistas, empresas y los ciudadanos en general, parecían irresolubles. La tecnología nos ha dado una herramienta de salvación: poder reciclar los materiales sin desgastar sus propiedades de uso. El planeta Tierra nos lo agradece. Podemos afirmar que uno de los descubrimientos más grandes de la historia de la humanidad está en pleno desarrollo y que la naturaleza, finalmente, está fuera de peligro.

miércoles, 6 de julio de 2011

EL PERIODISMO: ¿ETERNAMENTE ININTELIGIBLE?


Cuando se está en frente del televisor, el sintonizador de radio o el ordenador se abre un abanico de posibilidades en cuanto al tipo de información que se va recibir. Cada una de las posibilidades está condicionada por el canal de televisión, al dial de radio y la página web que se escoja como el suministrador de las informaciones del día. Lo mismo aplica para los impresos; todo lo que se conocerá ese día en particular depende del periódico o revista que se elija leer. Pero más allá de esa, a veces instantánea e inconsciente, selección, actúan innumerables mecanismos invisibles para la mayor parte de los ciudadanos. Son miles de millones de personas en el mundo que quedan al margen de lo que en Francia sería el “circulo de la razón” de Alain Minc.

Rodolfo Serrano lo ha comentado en su obra “Un oficio de fracasados”, apuntando que existen varios filtros que criban las informaciones que son publicadas y, por tanto, determinan lo que la gente ve como importante o interesante de su entorno real. Desde la primera selección de los hechos noticiables, ya los medios de comunicación, jefes y equipo periodístico juegan al dios todopoderoso. Luego vendrían otros factores que ejercen presión sobre los periodistas a la hora de hacer las coberturas y la redacción de las noticias: la dimensión económica y política dentro de la empresa informativa. La generación de rentabilidad financiera a merced de la información está convirtiendo a los periodistas en stokebrokers que día a día deben considerar el valor de sus productos en el mercado y las oportunidades de comprar o vender según las necesidades de los accionistas de la empresa en la que laboral y de las corporaciones o conglomerados relacionados.

La rentabilidad puede en ocasiones estar directamente relacionada a los mismos periodistas, como en el caso francés estudiado por Serge Halimi en su obra “Los nuevos perros guardianes”. Halimi hace hincapié en el funcionamiento de una especie de red de complicidad y camaradería entre periodistas y gentes de medios de comunicación, que se ha convertido en una espiral de connivencias y pactos para mantenerse en lo más alto de la escala del poder mediático. Este poder mediático se traduce en poder económico y político. Los periodistas se han transformado en celebridades y en las voces más autorizadas para hablar sobre cualquier tema de actualidad en Francia, incluso para loar (sin tapujos) o hundir con críticas (cuando son rivales o indeseables) a personalidades, instituciones, creaciones literarias, empresas, etc.

Esa invisibilidad del mundo paralelo de la confraternidad periodística y mediática no es exclusiva de Francia y tiene su contraparte en otros países, en los que la realidad lucha por imponer a los medios de comunicación una agenda más ciudadana con mayor preponderancia de noticias de interés público que eleven el estatus democrático de las personas y su bienestar socioeconómico.

En 1987 sucedía en Nicaragua una guerra interna en la que se enfrentaban facciones sandinistas con grupos opuestos a la revolución (los “Contra”) que recibieron apoyo de la administración del gobierno estadounidense de Ronald Reagan. El documental The World is Watching realizado al calor de ese enfrentamiento en Centroamérica, desvelo las disímiles estrategias periodísticas llevadas a cabo por cuatro reporteros internacionales que respondía  a los intereses de cuatro grandes medios de comunicación del primer mundo. Puso en evidencia que una cosa es lo que el periodista ve en su trabajo de campo y otra muy diferente es lo que los ciudadanos del primer mundo observan en sus pantallas. Son los reportajes de los periodistas ubicados en el lugar de los hechos (Nicaragua) una vez que han sido tamizados por los criterios culturales, políticos, mercantilistas, mercadotécnicos, financieros, etc., de cada medio de comunicación, dejando muchas veces de lado, los factores más determinantes que causan la situación noticiable en ese momento.

En los ochenta ya se hablaba de una fuerte decadencia del profesionalismo periodístico como modelo para la cobertura de los hechos y el tratamiento y presentación de las noticias. Daniel Hallin culpa a dos factores de este declive de la “edad de oro” del periodismo: la modificación de la estructura de gestión económica de las organizaciones informativas, “variando el contrapeso entre la parte empresarial y la periodística” y las reacciones del periodismo a los cambios que ha sufrido el mundo desde el punto de vista político y cultural y que “han socavado las condiciones bastante especiales bajo las que el modelo profesionalista gozaba de buena salud”. Como pudo haber ocurrido con los reportajes sobre los “Contra” en Nicaragua, los medios de comunicación, siguiendo un patrón comercial y habiendo hecho estudios de mercado, buscaron satisfacer lo que sus respectivas audiencias deseaban observar.

A cada vaivén de la sociedad corresponde un tipo de periodismo. Eso podría demostrarse con las diferentes formas de presentar las informaciones que ha caracterizado las sucesivas décadas desde mediados del siglo XIX, era en la que predominaba la complacencia mutua entre las iniciativas de prensa, los políticos y la aristocracia poseedora de negocios e ingentes recursos económicos. Luego se pasa a un siglo XX de reflexión interna del gremio periodístico e impulso de un ejercicio profesional aséptico y alejado al máximo de las opiniones que provenían tanto de la cúspide como de la base de la jerarquía social.

Ahora en el siglo XXI se han incrementado los condicionantes que llevan a los medios de comunicación y a los periodistas a hacer prevalecer la rentabilidad económica de su actividad informativa. Tanto que en muchos países la mayoría de los ciudadanos están obteniendo su acervo de conocimientos diarios de noticias sensacionalistas, de programas de “realismo cotidiano” y tipo “tabloides” con abundante dramatismo y excitación emocional (planteados por Hallin). Es el “infoentretenimiento” ocupando los vacíos que se han originado por las deficiencias del periodismo en revisarse a sí mismo y plantearse una verdadera consolidación de su ideal profesional allende la creación de asociaciones y códigos por doquier.

Y es que el periodismo se ha vuelto hacia la búsqueda de nichos más que a responder a los intereses públicos de toda una población. De esta forma, y como lo afirman Bill Kovach y Tom Rosenstiel, se nos presenta el reto de enfrentar “el auge de un periodismo basado en el mercado y cada vez más disociado de cualquier noción de responsabilidad cívica”. Kovach y Rosenstiel han formulado de hecho, un Teoría del Público Interconectado como una forma de complementar la Teoría de la Democracia que los periodistas asumen como el conjunto de principios que guía su actuación en pro del bienestar de la ciudadanía.

La Teoría del Público Interconectado trae implícita la concepción de que ante todo medio de comunicación existen tres “niveles de compromiso de los lectores”. De ahí que resulta contradictorio renegar las estratagemas empresariales de marketing, y al mismo tiempo aceptar que la población que forma parte de la audiencia del mass media se puede segmentar en un “lector implicado”, un “lector interesado” y un “lector no interesado”. El meollo de la aplicabilidad de la concepción democrática de los principios del periodismo es que se debe “servir a los intereses de los sectores más amplios de la comunidad” y hacer del suministro de información un mecanismo lo más efectivo posible en el logro del autogobierno y la soberanía de los ciudadanos.

Cuando los medios se han alejado de la premisa cívica de su responsabilidad y, a medida que se percatan de que su accionar no está respondiendo a los intereses del público y está siendo sometido a juicio por la opinión ciudadana, entonces dieron rienda suelta a la autopromoción como baluartes de la libertad y la independencia; también aumentaron la manipulación con el objetivo de no abandonar la lógica economicista del periodismo moderno que les sigue dando rédito, a pesar de mermar la calidad del producto informativo y el número de lectores, oyentes, televidentes e internautas.

Otra manera de disminuir la aportación de herramientas que funcionen para que los ciudadanos tenga un apropiado nivel de información ordenada, fiable y precisa es a través del incremento que ha experimentado en los últimos años el periodismo como “una actividad notablemente más sentenciosa y subjetiva” como lo afirmaran Kovach y Rosenstiel. Pero aquí caemos en la diatriba que siempre ha caracterizado al periodismo en el ámbito académico y profesional: la de la objetividad posible o imposible.

Cabe recordar los contratos entre el periodista y su audiencia formulados por Daniel Dayan y que componen el concepto de objetividad en la información: “contrato de legibilidad” que se refiera a la no ocultación o distorsión de cualquiera de las partes constituyentes del relato; el “contrato de pertinencia” que propugna evitar la sobreabundancia de datos inútiles, ateniéndose a “relatar los elementos necesarios para la comprensión de la situación”; y el “contrato distancia” para que el periodista no narre “como si fuera parte del propio acontecimiento”. Esta fórmula va atada a la concepción de la objetividad, no como algo preferible a la subjetividad, sino como la aplicación de un rigor en los procedimientos y tareas que se ejecutan para lograr una “afirmación irrebatible o una concatenación irrebatible de hechos verificados”.

Más lejos llega Robert Entman en su apreciación de la objetividad como un conjunto de reglas que permite a las élites mediáticas y periodísticas saber a qué atenerse en cuanto a la competencia y a sí mismos (“previsibilidad”) y una estandarización de las coberturas pues la objetividad implica que para mantener el “equilibrio”, el periodista debe siempre obtener y presentar las dos visiones del problema y entrevistar por igual a todas la fuentes (“acceso privilegiado”). La objetividad ha sido tan maniatada que los periodistas parecen prestidigitadores que sacan del sombrero el concepto que mejor valga en el momento y que más se ajuste a sus intereses autónomos o dependientes de terceros (directores de redacción, gerentes informativos, departamentos administrativos, de marketing o publicidad, propietarios, accionistas o relacionados del medio de comunicación, instituciones públicas, ONG’s, etc).

El anti-profesionalismo endógeno
Si de algo están pecando los periodistas es de una sumisión suprema a la hora de encontrar la significación y la trascendencia democrática de su oficio, actividad, trabajo o profesión. Ante una anomia que está enmudeciendo hasta los más bizarros representantes (algunos en apariencia mediática) del periodismo “ejemplar” debería contraponerse un enérgico movimiento de restauración ética de la función del comunicador como ente de gran influencia e impacto social. Dicho movimiento debe empezar por reducir el grado de confusión sobre el propio ejercicio profesional, tal y como lo demuestra el estudio analizado por Luis García Tójar y que degenera en la no utilidad del marco moral que servía de orientación para la conducta de los periodistas años atrás (anomia).

La lucha debe ser frontal contra la proletarización de una profesión que, a pesar de carecer de algunos de los requisitos enumerados por Geoffrey Millerson para ser considerada como tal, lleva latente la esencia centenaria de la responsabilidad natural de “crear comunidades y democracia”, como lo han sugerido Kovach y Rosenstiel. Debe empezarse también por desmontar las estructuras de sometimiento que, de acuerdo a la teoría de Herbert J. Gans, “desempoderan” a los periodistas. El “desempoderamiento” político y económico lleva tiempo actuando sobre los ciudadanos, sobre todo en los grandes países occidentales (supuestos paladines de la libertad y la democracia), por lo que los ingenieros de la información deben actuar como óbice para evitar que siga echando raíces un sistema elitista de coimas morales e ignominia.

La comunicación se ha vuelto muy compleja y en la actualidad ha adoptado una diversidad inimaginable tan solo hace 20 años. Por eso, es loable que se haya logrado un consenso a escala europea en cuanto a los códigos deontológicos que son necesarios para balancear el derecho de los propietarios de medios a la expresión y el de los ciudadanos a recibir información veraz, plural y ética. En España, el esfuerzo nacional se refleja en la consolidación de un Código Deontológico del Periodismo de la FAPE, en un Consejo de Deontología y su Reglamento respectivo. Pero hace falta más que eso. El pueblo requiere de mayores sacrificios de parte de aquellos en los que ha depositado su libertad de prensa. Los PARS de Claude-Jean Bertrand sirven de vademécum para escoger por dónde empezar, aunque sería preferible adoptar varios mecanismos paralelamente, con el propósito de no darle más tregua al comercialismo, la banalidad informativa y el desapego cívico que terminará de neutralizar las potencialidades colectivas de fortalecer la democracia, haciéndola más directa y participativa.

Se abre el abanico
En el escenario periodístico se han desplegado varios caminos que pueden servir de atajos para esquivar la discusión de los problemas centrales del periodismo convencional que se ejerce en la mayoría de los medios de comunicación del mundo. Pero no es que se desee obviar la dialéctica, sino que en este caso ha resultado mejor mostrar haciendo que diciendo. Aquí cabe mencionar a las alternativas de periodismo denominadas de soluciones, estratégico (o de anticipación) y público (o cívico). Como diría Claude-Jean Bertrand sobre los PARS: “todos han sido puestos en marcha en Estados Unidos de América” (pero no todos persisten), en este caso de las corrientes periodísticas no tradicionales, también tiene como su principal territorio de experimentación a EE UU. Podríamos afirmar que en parte, se debe al temprano nacimiento de las prerrogativas individuales en el ámbito de las libertades de expresión y de prensa. Asimismo, la magnitud de la población consumidora y con un nivel de instrucción promedio, amplía las posibilidades de colocación en el mercado de cualquier invento para bien o para mal.

El desarrollo del periodismo de soluciones propone una nueva perspectiva muy válida en este mundo que Claude Monnier ve como de “confuso y anárquico”. Desde un punto de vista optimista, este periodismo se comporta como un depósito de exitosas experiencias comunitarias, pero no para complacer la autoestima de la población o para ocultar los sucesos negativos que empañen la vita cotidiana de la gente, sino para desvelar “patrones y ubicar con exactitud las claves del éxito” como afirmara David Bornstein. Este escritor free-lance de revistas en Nueva York, fue autor de una historia “de soluciones” que terminó convirtiéndose en un libro sobre el microcrédito como método para combatir la pobreza de la mujeres en Bangladesh. Así como éste, existen miles de ejemplos de cómo eliminar o minimizar los problemas de la sociedad que merecen ser difundidos. Nunca se sabe a quiénes podrían ser útiles tras su imitación.

La batalla por hacer prevalecer nuevamente los principios del periodismo adaptados a la nueva realidad es una carrera contra el tiempo. Apurar el paso es importante antes de que el sistema “anómico” termine de extinguir a los profesionales que podrían entrar dentro del perfil buscado por Monnier para trabajar como periodistas estratégicos: “gran capacidad intuitiva”, habilidad de simplificación de las abstracciones complejas, “compasivo” y “trabajador”. Estas formas de periodismo promueven la revisión crítica de lo que se está haciendo y de qué manera se puede recuperar la confianza de las audiencias de los programas informativos.

La opción cívica
El periodismo público parece tener el mayor nivel de implicación de los profesionales con la gente y sus problemas. Tanto así que se le acusa desde la parcela de los “tradicionales” como un experimento que tiene “el peligro de cruzar la barrera ética, de caer en el sesgo” (según Arthur Charity en su libro Doing Public Journalism). La base del periodismo público es la consolidación de condiciones reales que permitan a la ciudadanía enterarse, discutir y participar en el abordaje de situaciones específicas que impactan su vida. Lo ideal es que los periodistas públicos sirvan de “puente” entre todos los actores sociales que se encuentran fragmentados, pero que pueden ser momentánea o permanentemente corresponsables del origen, desarrollo y solución de los problemas. Pero no se debería limitar el periodismo público a la identificación de problemas o a experiencias electorales estilo Wichita Eagle (Kansas, EE UU) o Charlotte Observer (Carolina del Norte, EE UU).

Este periodismo cívico puede servir de plataforma para ampliar construir instituciones más fuertes que internalicen las características y necesidades de las comunidades. En consecuencia, las instituciones de gobierno, las ONG’s, las empresas privadas y el periódico verán más sencillo el camino hacia la adopción, asunción y ejecución de una estrategia de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que redunde en el aumento del capital social y cívico.

Ahora bien, y como acérrimamente ha apuntado Hal Crowther (periodista del Independent Weekly), el periódico no puede transformarse en un buzón de opiniones sobre todo aquello que la gente considera importante y que de modo circunstancial esté provocando consecuencias negativas en su vida. Así como las alternativas de soluciones, de anticipación o cívico pueden traer aires de renovación y cambio a la función e imagen de los medios de comunicación, de igual forma, existe el riego de volver rutinario el modelo hasta perder de vista su objetivo principal de hacer más conscientes, resolutivos y participativos a los ciudadanos.

Todo se reduce al aprovechamiento de la libertad que nos ofrece la democracia para buscar las verdades y divulgarlas de la manera más efectiva al público. Ese público que debe dejar de ser lo que el periodista Walter Lippman denominaba “espectadores de teatro” que solo perciben una realidad deformada o incompleta suministrada por los mass media. Y para contrarrestar las fuerzas centrípetas que alejan de todos los ciudadanos las posibilidades de conocimiento y acción para centralizarlas en una élite, es vital recuperar el vigor del periodismo tradicional y dar cabida a las nuevas corrientes profesionales. De esta forma, las fuerzas centrífugas esparcirán el cúmulo de libertades con que se cuenta en un sistema democrático hacia la gran diversidad del público. Sobre todo la capacidad de comunicación entre los ciudadanos, como sostenía el filósofo estadounidense John Dewey, reforzada y magnificada por la acción mejorada de la prensa y la educación.

Ya transcurrida la primera década del siglo XXI y ante una era dominada por las arrolladoras tecnologías de la comunicación que parecen derrumbar cualquier teoría que pretenda sustentar una profesión, es menester ampliar el rango de la reflexión acerca de lo que es la misión principal del periodismo. Está claro que su papel en la sociedad es trascendental. Pero el desempeño de los periodistas y los medios en manejar la información que la gente requiere es lo que va condicionar su evolución en los próximos años. La credibilidad debe ser recuperada día a día, hora a hora, teniendo en mente siempre que allá afuera existen miles de millones de seres humanos que no les costaría mucho prescindir de nosotros (más cuando son millones los que dedican todo su tiempo a sobrevivir y otros a vivir y ensimismarse con la ayuda de las NTIC’s). Empero, el costo de volver a recuperar el servicio público suministrado por la prensa será tan alto, que pasarán años de retroceso antes que de que la sociedad pueda llenar ese vacío nuevamente.

NAHN.-

LA EXTENSIÓN TECNOLÓGICA DE LAS ASPIRACIONES SOCIALES


Ciberpolítica y Ciberdemocracia, en un principio sonaron un poco extrañas para mí, comenzando el curso académico de mi máster más reciente. Pero al transcurrir las semanas de clases, fui configurando un mapa mental en el cual puedo destacar algunos aspectos distintivos de la –utópica- concepción cyber de la democracia y la política: libertad deliberativa, diversidad, multi-nodalidad, instantaneidad, feedback, transparencia, comunidad virtual, horizontalidad, ciber-votaciones, civismo, igualdad e inclusión. Estos conceptos forman parte de mi entramado cognitivo sobre los que he podido conocer hasta ahora de este apasionante tema.

Muchos autores proponen formas de abordar la democracia según cómo se utilicen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC): Hagen, que hace una distinción entre teledemocracia, ciberdemocracia y democratización electrónica; Van Dijk distingue seis tipos de democracia: legalista, competitiva, plebiscitaria, pluralista, participativa y libertaria; Bellamy, Hoff, Horrocks y Tops proponen las democracias de consumidores, elitista, neorrepublicana y la ciberdemocracia; Subitats realiza el cruce de cuatro variables que resultan en cuatro modelos de democracia electrónica: mecanismos consumeristas, cambios en el elitismo democrático, redes pluralistas de prestación de servicios y procesos de democracia directa. Estas tipologías navegan entre dos extremos: la democracia representativa (que es la mayoría de los sistemas democráticos modernos) y la democracia directa ejercida por el pueblo sin la intervención del poder central y a través de mecanismos tecnológicos que permitan levantar una plataforma de participación cívica sólida y sostenible.

Ante un nuevo reto que se impone en el mundo contemporáneo a propósito del surgimiento de nuevas formas de relacionamiento tecnológico, léase web 2.0, los gobiernos deben deslastrarse de aquellos intereses políticos que los ciegan y permitir una expansión de los derechos civiles hacia los espacios virtuales que están consolidándose a escala planetaria. 

 
Chadwick ha preguntado ¿hasta qué punto somos capaces de facilitar mecanismos que conecten la información granular de la web 2.0 de actividad cívica, con la toma de decisiones de la gestión pública? La respuesta va condicionada al carácter genuino de los poderes para abrir canales de participación directa de la gente. El granularity podría servir para multiplicar la información que proviene de los ciudadanos y captar cuáles son sus expectativas y necesidades más apremiantes, empero,  la masticación y el procesamiento de toda esa data debe realizarse sobre la base de un sistema confiable y desprovisto de rigidez ideológica y elitista. Cuando el tamaño de todas esas pequeñas contribuciones de la urdimbre cívica alcance una masa crítica, pues sucederá el Big Bang de la democracia electrónica. Millones de partículas tomando rumbos distintos, conformando con el tiempo sistemas interconectados que se van expandiendo y madurando para dar paso a mega-estructuras de mayor significación. Son las comunidades (reales y virtuales) humanas de participación y definición política que, analógicamente, constituyen las galaxias y todo su contenido de estrellas, sistemas planetarios y fenómenos cósmicos.

La gestión pública no tendrá escapatoria a los dictámenes surgidos de las comunidades electrónicas con sus micro-decisiones sobre los problemas cotidianos que sumados alcanzan una mayor trascendencia para la consecución del bienestar socioeconómico. Los mínimos interpelativos del concepto de ciberdemocracia de Dader serán rebasados y se llegará al estadio deliberativo ideal, sin que esto no signifique que existan los estadios intermedios. Recordemos que en el Big Bang infinito existen sistemas inmaduros conviviendo con los más viejos y estables.

Otro cuestionamiento de Chadwick para el futuro de la e-democracia es ¿hasta qué punto y bajo qué condiciones sentirán los ciudadanos suficientemente incentivados para relacionarse con los “policy makers”?

Pues los incentivos vienen desde diferentes ámbitos. Comenzando por las propias herramientas tecnológicas y su atractivo y versatilidad de uso. También al ir disminuyendo el umbral esfuerzo/oportunidad se incrementará exponencialmente la cantidad de ciudadanos de a pie que se sientan llamados a conocer más sobre aquellos quienes hacen las políticas públicas. Aquí podemos introducir el concepto de eficacia política, entendida como la sensación de interconexión mediata o inmediata entre la participación política y la generación de resultados concretos en la gobernanza. En la medida en que las personas perciban como útil su acción política -online y offline- mayor será la motivación para seguir usando los instrumentos ciber-democráticos. Éstos a su vez deben adaptarse paulatinamente a las nuevas habilidades tecnológicas de los usuarios.

Un lugar del planeta donde la espectacularidad ha dado resultados importantes donde quiera que sea desplegada es Estados Unidos de América. En esa nación se pueden ubicar muchas iniciativas que explotan al máximo los valores estéticos y semióticos para cada uno de los segmentos poblacionales (grupos etarios, psicográficos, geográficos, ocupacionales, económicos, etc.) desdibujando a veces la frontera entre una organización social y una comercial. Aquí el marketing social y el político devienen en imprescindibles paradigmas para el diseño de los proyectos de participación y movilización ciudadana en el ideal habermasiano de esfera pública deliberativa.

En EE.UU. llama la atención que organizaciones como MoveOn.org o VoteSmart.org logren una influencia decisiva en muchas de las períodos en que irrumpen en el escenario político, alterando la agenda de los representantes de los ciudadanos en el Congreso, en la Corte de Justicia, en la Casa Blanca, en las gobernaciones y en los condados de todo el territorio estadounidense. Aquí la democracia elitista ha sufrido transformaciones, moviendo los cimientos para construir las bases de una ciberdemocracia. Como ocurrirá tarde o temprano en España, para estas organizaciones ha sido fácil en EE.UU. una vez que el salto cuantitativo en el acceso a las NTIC se hizo realidad, resultando en la masificación del uso de Internet. Los sesgos en el uso político de Internet, de acuerdo a variables como los estudios y los recursos (económicos), se verán reducidos cuando el conocimiento y uso de las redes telemáticas sean cosa común, independientemente de otros factores sociodemográficos.

La estrategia de ciberpolítica por antonomasia en esta era de la posmodernidad es la campaña electoral del actual presidente de EE.UU., Barack Obama. No es algo desconocido que ahora las contiendas electorales, como lo sostiene Rocío Zamora Medina en su libro “El candidato Marca: cómo gestionar la imagen del líder político”, “se encuadren en un enfoque general de personalización. Es decir, en el candidato, quien hoy se convierte en el eje que vertebra no solamente las campañas electorales, sino la comunicación política en general”. La estratagema más llamativa en la dinámica electoral de Barack Obama, fue la fusión entre el control centralizado del marco o contexto de campaña y la libertad de los seguidores para crear nuevas formas de comunicar el mensaje de cambio de Obama. Es decir, con un frame bien definido, la espontaneidad era indirectamente controlada. De esta manera se logró atomizar el apoyo pero manteniendo la cohesión según los objetivos compartidos por todos los activistas. Las herramientas tecnológicas fueron formas de intensificar las acciones y los efectos de las tradicionales campañas cara a cara y casa por casa.

¿Qué lleva a otros personajes y partidos políticos de países como España a imitar estas estrategias de tecnopolítica? Pues bien, la disponibilidad de los estudios de impacto de esas campañas permite que cualquiera pueda hacer un benchmarking, adoptando probados mecanismos de interactividad e interacción. Lógicamente existe una especializada red de spin doctors en el mundo político que se mueven de acuerdo a los vaivenes del ciclo político de las democracias; la experiencia les ha demostrado que ahora la comunicación afectiva tiene más resultado, la persuasión altruista, en la que el emisor considera los valores que comparte (o que se esfuerza en compartir) con la audiencia para la selección, ordenación y transmisión de los mensajes. De ahí que se vean casos similares de humor político o story telling entre cada vez más países.

Pero una cosa son las comunicaciones emotivas de las campañas políticas y otra “la democracia de las emociones diarias” de Giddens. Esta última forma parte de los incentivos al efecto de la web 2.0 en la gente, entendido como la aparición de blogs y oportunidades para dejar comentarios o jerarquizar noticias en una página web, por ejemplo. Esa energía individual puede juntarse con muchas otras autoexpresiones para ir levantando cooperativamente una percepción de la realidad. Facebook es un ejemplo de cómo la potencia va en aumento a medida que se van uniendo más y más personas a un mismo tipo de organización cibernética.

España ha servido igualmente para ensayar distintas modalidades de tecnopolítica. Muchas han terminado en pura apariencia digital para complementar lo que percibe la gente en la calle. El hecho de querer ser vistos como algo moderno y que está a tono con lo último en Internet ha resultado en la banalización de los potenciales beneficios que puede ofrecer para un gobierno, partido u organización política, funcionario o candidato, la puesta en marcha de la maquinaria tecnológica más allá de la mera representación política. Ejemplos ibéricos de cómo se busca desesperadamente  motivar el involucramiento y la participación política se vieron en las elecciones de 2008: páginas webs de Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Gaspar Llamazares. La efectividad de cada uno de estos ensayos es divergente y demuestra que la sola imitación no basta para estimular a más personas a unirse a la causa y a los adheridos a votar.

Algo que no entra dentro de la categoría anterior es la iniciativa de Discursia.com que hace un seguimiento crítico de la actividad de los diputados en el parlamento español. Es una réplica de VoteSmart.org que en EE.UU. ha logrado colocar en línea los datos –considerados privados para la tradición de muchos países como España- de la mayoría de los políticos, principalmente de los senadores y congresistas, poniendo al descubierto todo tipo de relaciones políticas, sociales, financieras y laborales. Esto podría considerarse un genuino acto de interpelación de los ciudadanos que obliga a los representantes a esclarecer cualquier duda que surja como resultado de las informaciones aparecidas en la “temida” página web.

La interacción, como la define Divina Frau-Meigs, está en un momento en que debe transformarse en el elemento distintivo de la e-democracia para no sucumbir a los vicios y degenerar en una simple interactividad que se limita a un vago diálogo entre las personas y el ordenador. Esta interacción facilitará la evolución de una democracia con mecanismos para ofrecer más información a los ciudadanos frente a la Administración hacia una democracia directa sostenida por nuevas comunidades con poder de consulta, decisión y colaboración con la gestión de los miembros del sistema tradicional de la Administración.

El interés político de los ciudadanos debe trasladarse al escenario tecnológico. Pero no es suficiente con el involucramiento en los temas que la opinión pública suele considerar como importantes. Se requiere, como lo concluyó el estudio 2.736 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), reunir un conjunto de recursos, entre los cuales están la capacidad del uso de Internet y la disponibilidad de tiempo, para el incremento de la participación política online. Por otra parte, están las actitudes positivas hacia todo lo relacionado con la política y la motivación dada por las posibilidades de incidencia directa en el desempeño de los políticos. Estos elementos se contraponen a la  movilización, que en lugar de ser indispensable para hacer posible la participación política, es un facilitador. De hecho muchos movilizadores se orientan a personas ya convencidas y de quienes se espera una respuesta favorable. Empero, gracias a la NTIC las organizaciones sociales y políticas están logrando una magnificación de su accionar movilizador.

Volviendo al contexto 2.0, donde los usuarios se vuelven responsables de un porcentaje importante de los contenidos que se ven luego reflejadas en la pantalla del ordenador, cabe preguntarse ¿en qué medida la mayor complejidad de estas aplicaciones aumentará el impacto de las habilidades online sobre la participación? Considerando el hecho de que esta pregunta puede generar un estudio per se, se puede decir que ahora más que nunca la velocidad del desarrollo y mejoramiento de las NTIC va dejando rezagadas a aquellas sociedades que no logren incluir a tiempo nuevos estándares educativos que le  provea a los ciudadanos de las pericias cognitivas necesarias para sacar el máximo provecho a las redes sociales, blogs, páginas de vídeos o fotos, etc.

Los investigadores del CIS se preguntan igualmente ¿en qué medida suponen las nuevas aplicaciones 2.0 modos de participación que requieren mayor iniciativa y autonomía, y por lo tanto motivación política por parte del ciudadano? La forma en que están estructuradas estas nuevas formas de hacer internet, necesariamente debe estar acompañada de un incentivo o contraparte en la realidad offline. No en vano, muchas de las redes sociales terminan en el depósito de todos los intentos de los políticos por ganarse la atención siquiera de sus potenciales votantes. A medida que en la realidad offline se vayan materializando los logros de una democracia electrónica, mayores serán los niveles de involucramiento e interés, tanto de la elite de políticos y organizaciones sociales como de los ciudadanos en general.

El aspecto de la especificidad de las herramientas tecnológicas 2.0 asegura un mercado a los estrategas que buscan vender las preferencias de los consumidores y por tanto implica la ejecución de un proceso de segmentación al estilo marketing. La autonomía de los usuarios podría verse entonces afectada por las intenciones de los grupos de poder tradicionales, no de ampliar los derechos civiles, sino de conseguir el bien más preciado para ellos: el voto.

El Big Bang del sistema democrático continúa su viaje al ritmo que imponen las necesidades sociales y económicas. Éstas constituyen la materia que enciende las pasiones y las acciones de la gente. No se puede convertir a las NTIC en la antimateria que genera valores contrarios y negativos, sino más bien en una energía que discurra paralela a las fuerzas expansivas para catalizar la mezcla de todas las ideologías, sentimientos, teorías, lenguajes y caracteres congénitos, que nos hacen diferentes. Allí está la clave de la ciberdemocracia, dar espacio a todos aquellos que continúan siendo marginados y menospreciados. Así se fue edificando el ideario político de la democracia, sobre la base de la participación igualitaria y mayoritaria de los habitantes de una zona geográfica.

Llegará un momento en que mandar un correo electrónico a un diputado, participar en foro, chatear con el candidato de preferencia, hacer ciber-peticiones o realizar una ciber-donación, indagar en el pasado de algún funcionario o ver el último vídeo de una organización pro derechos humanos, sean el denominador común más básico y cotidiano de los países libres. Se impondrá entonces una competencia para ofrecer el mejor y más creíble mecanismo superior para la elección de nuestros representantes dentro de un, también reformado, régimen de administración de la cosa pública.

La ciber-revueltas en el Magreb
Los que han resultado ser medios efectivos de protesta, tan impactantes como quemarse a lo bonzo, son la difusión del descontento a través de páginas web, la actividad intensiva de bloggers, el intercambio incesante de información a través de redes sociales como Facebook y Twitter y las convocatorias a través de redes telefónicas mediante llamadas, SMS y mensajes multimedia. Todo esto ha devenido en la intensificación de la participación política aguda de millones de personas en el mundo árabe, lo que trajo como consecuencia la caída de dos regímenes dictatoriales en menos de un mes en Túnez y en Egipto. Ha quedado demostrado que las NTIC pueden fungir de catapulta para los deseos apremiantes de organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos, gremios empresariales, medios de comunicación y profesionales del Periodismo, quienes, desde distintos ámbitos, convergieron en un grupo de objetivos comunes que llevaron a la materialización de ambas revoluciones sociopolíticas. 

 
Tanta importancia están adquiriendo los espacios tecnológicos en la actividad política reciente (cuando existen también cantidad y calidad en la actividad offline), que en Egipto, semanas antes de la renuncia y huída del ex presidente Hosni Mubarak, un bloguero de ese país, Wael Abbas, fue protagonista de una crónica de la represión (encarcelamiento y tortura) que los valientes ciudadanos digitales sufren en Egipto. No es casualidad que junto a él, otro joven se ha transformado en ejemplo de lucha para defender las libertades cívicas. Se trata del jefe de marketing del buscador de Internet Google, Wael Ghonim, quien estuvo desaparecido varios días por apoyar las protestas desde una página de Facebook. Cuando fue liberado, fue recibido con gran emoción y devoción  por los millones de personas que, desde las calles, hacían presión pidiendo la renuncia del Presidente.

El bloggero Wael Abbas, hecho muerto por la policía secreta del régimen de Mubarak, se ha convertido en un héroe visible de la generación red (como algunos la llaman) luego de ser apresado precisamente en un cybercafé de El Cairo, construyendo la ciberdemocracia.

NAHN.-