Ciberpolítica y Ciberdemocracia, en un principio sonaron un poco extrañas para mí, comenzando el curso académico de mi máster más reciente. Pero al transcurrir las semanas de clases, fui configurando un mapa mental en el cual puedo destacar algunos aspectos distintivos de la –utópica- concepción cyber de la democracia y la política: libertad deliberativa, diversidad, multi-nodalidad, instantaneidad, feedback, transparencia, comunidad virtual, horizontalidad, ciber-votaciones, civismo, igualdad e inclusión. Estos conceptos forman parte de mi entramado cognitivo sobre los que he podido conocer hasta ahora de este apasionante tema.
Muchos autores proponen formas de abordar la democracia según cómo se utilicen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC): Hagen, que hace una distinción entre teledemocracia, ciberdemocracia y democratización electrónica; Van Dijk distingue seis tipos de democracia: legalista, competitiva, plebiscitaria, pluralista, participativa y libertaria; Bellamy, Hoff, Horrocks y Tops proponen las democracias de consumidores, elitista, neorrepublicana y la ciberdemocracia; Subitats realiza el cruce de cuatro variables que resultan en cuatro modelos de democracia electrónica: mecanismos consumeristas, cambios en el elitismo democrático, redes pluralistas de prestación de servicios y procesos de democracia directa. Estas tipologías navegan entre dos extremos: la democracia representativa (que es la mayoría de los sistemas democráticos modernos) y la democracia directa ejercida por el pueblo sin la intervención del poder central y a través de mecanismos tecnológicos que permitan levantar una plataforma de participación cívica sólida y sostenible.
Ante un nuevo reto que se impone en el mundo contemporáneo a propósito del surgimiento de nuevas formas de relacionamiento tecnológico, léase web 2.0, los gobiernos deben deslastrarse de aquellos intereses políticos que los ciegan y permitir una expansión de los derechos civiles hacia los espacios virtuales que están consolidándose a escala planetaria.

Chadwick ha preguntado ¿hasta qué punto somos capaces de facilitar mecanismos que conecten la información granular de la web 2.0 de actividad cívica, con la toma de decisiones de la gestión pública? La respuesta va condicionada al carácter genuino de los poderes para abrir canales de participación directa de la gente. El granularity podría servir para multiplicar la información que proviene de los ciudadanos y captar cuáles son sus expectativas y necesidades más apremiantes, empero, la masticación y el procesamiento de toda esa data debe realizarse sobre la base de un sistema confiable y desprovisto de rigidez ideológica y elitista. Cuando el tamaño de todas esas pequeñas contribuciones de la urdimbre cívica alcance una masa crítica, pues sucederá el Big Bang de la democracia electrónica. Millones de partículas tomando rumbos distintos, conformando con el tiempo sistemas interconectados que se van expandiendo y madurando para dar paso a mega-estructuras de mayor significación. Son las comunidades (reales y virtuales) humanas de participación y definición política que, analógicamente, constituyen las galaxias y todo su contenido de estrellas, sistemas planetarios y fenómenos cósmicos.
La gestión pública no tendrá escapatoria a los dictámenes surgidos de las comunidades electrónicas con sus micro-decisiones sobre los problemas cotidianos que sumados alcanzan una mayor trascendencia para la consecución del bienestar socioeconómico. Los mínimos interpelativos del concepto de ciberdemocracia de Dader serán rebasados y se llegará al estadio deliberativo ideal, sin que esto no signifique que existan los estadios intermedios. Recordemos que en el Big Bang infinito existen sistemas inmaduros conviviendo con los más viejos y estables.
Otro cuestionamiento de Chadwick para el futuro de la e-democracia es ¿hasta qué punto y bajo qué condiciones sentirán los ciudadanos suficientemente incentivados para relacionarse con los “policy makers”?
Pues los incentivos vienen desde diferentes ámbitos. Comenzando por las propias herramientas tecnológicas y su atractivo y versatilidad de uso. También al ir disminuyendo el umbral esfuerzo/oportunidad se incrementará exponencialmente la cantidad de ciudadanos de a pie que se sientan llamados a conocer más sobre aquellos quienes hacen las políticas públicas. Aquí podemos introducir el concepto de eficacia política, entendida como la sensación de interconexión mediata o inmediata entre la participación política y la generación de resultados concretos en la gobernanza. En la medida en que las personas perciban como útil su acción política -online y offline- mayor será la motivación para seguir usando los instrumentos ciber-democráticos. Éstos a su vez deben adaptarse paulatinamente a las nuevas habilidades tecnológicas de los usuarios.
Un lugar del planeta donde la espectacularidad ha dado resultados importantes donde quiera que sea desplegada es Estados Unidos de América. En esa nación se pueden ubicar muchas iniciativas que explotan al máximo los valores estéticos y semióticos para cada uno de los segmentos poblacionales (grupos etarios, psicográficos, geográficos, ocupacionales, económicos, etc.) desdibujando a veces la frontera entre una organización social y una comercial. Aquí el marketing social y el político devienen en imprescindibles paradigmas para el diseño de los proyectos de participación y movilización ciudadana en el ideal habermasiano de esfera pública deliberativa.
En EE.UU. llama la atención que organizaciones como MoveOn.org o VoteSmart.org logren una influencia decisiva en muchas de las períodos en que irrumpen en el escenario político, alterando la agenda de los representantes de los ciudadanos en el Congreso, en la Corte de Justicia, en la Casa Blanca, en las gobernaciones y en los condados de todo el territorio estadounidense. Aquí la democracia elitista ha sufrido transformaciones, moviendo los cimientos para construir las bases de una ciberdemocracia. Como ocurrirá tarde o temprano en España, para estas organizaciones ha sido fácil en EE.UU. una vez que el salto cuantitativo en el acceso a las NTIC se hizo realidad, resultando en la masificación del uso de Internet. Los sesgos en el uso político de Internet, de acuerdo a variables como los estudios y los recursos (económicos), se verán reducidos cuando el conocimiento y uso de las redes telemáticas sean cosa común, independientemente de otros factores sociodemográficos.
La estrategia de ciberpolítica por antonomasia en esta era de la posmodernidad es la campaña electoral del actual presidente de EE.UU., Barack Obama. No es algo desconocido que ahora las contiendas electorales, como lo sostiene Rocío Zamora Medina en su libro “El candidato Marca: cómo gestionar la imagen del líder político”, “se encuadren en un enfoque general de personalización. Es decir, en el candidato, quien hoy se convierte en el eje que vertebra no solamente las campañas electorales, sino la comunicación política en general”. La estratagema más llamativa en la dinámica electoral de Barack Obama, fue la fusión entre el control centralizado del marco o contexto de campaña y la libertad de los seguidores para crear nuevas formas de comunicar el mensaje de cambio de Obama. Es decir, con un frame bien definido, la espontaneidad era indirectamente controlada. De esta manera se logró atomizar el apoyo pero manteniendo la cohesión según los objetivos compartidos por todos los activistas. Las herramientas tecnológicas fueron formas de intensificar las acciones y los efectos de las tradicionales campañas cara a cara y casa por casa.
¿Qué lleva a otros personajes y partidos políticos de países como España a imitar estas estrategias de tecnopolítica? Pues bien, la disponibilidad de los estudios de impacto de esas campañas permite que cualquiera pueda hacer un benchmarking, adoptando probados mecanismos de interactividad e interacción. Lógicamente existe una especializada red de spin doctors en el mundo político que se mueven de acuerdo a los vaivenes del ciclo político de las democracias; la experiencia les ha demostrado que ahora la comunicación afectiva tiene más resultado, la persuasión altruista, en la que el emisor considera los valores que comparte (o que se esfuerza en compartir) con la audiencia para la selección, ordenación y transmisión de los mensajes. De ahí que se vean casos similares de humor político o story telling entre cada vez más países.
Pero una cosa son las comunicaciones emotivas de las campañas políticas y otra “la democracia de las emociones diarias” de Giddens. Esta última forma parte de los incentivos al efecto de la web 2.0 en la gente, entendido como la aparición de blogs y oportunidades para dejar comentarios o jerarquizar noticias en una página web, por ejemplo. Esa energía individual puede juntarse con muchas otras autoexpresiones para ir levantando cooperativamente una percepción de la realidad. Facebook es un ejemplo de cómo la potencia va en aumento a medida que se van uniendo más y más personas a un mismo tipo de organización cibernética.
España ha servido igualmente para ensayar distintas modalidades de tecnopolítica. Muchas han terminado en pura apariencia digital para complementar lo que percibe la gente en la calle. El hecho de querer ser vistos como algo moderno y que está a tono con lo último en Internet ha resultado en la banalización de los potenciales beneficios que puede ofrecer para un gobierno, partido u organización política, funcionario o candidato, la puesta en marcha de la maquinaria tecnológica más allá de la mera representación política. Ejemplos ibéricos de cómo se busca desesperadamente motivar el involucramiento y la participación política se vieron en las elecciones de 2008: páginas webs de Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Gaspar Llamazares. La efectividad de cada uno de estos ensayos es divergente y demuestra que la sola imitación no basta para estimular a más personas a unirse a la causa y a los adheridos a votar.
Algo que no entra dentro de la categoría anterior es la iniciativa de Discursia.com que hace un seguimiento crítico de la actividad de los diputados en el parlamento español. Es una réplica de VoteSmart.org que en EE.UU. ha logrado colocar en línea los datos –considerados privados para la tradición de muchos países como España- de la mayoría de los políticos, principalmente de los senadores y congresistas, poniendo al descubierto todo tipo de relaciones políticas, sociales, financieras y laborales. Esto podría considerarse un genuino acto de interpelación de los ciudadanos que obliga a los representantes a esclarecer cualquier duda que surja como resultado de las informaciones aparecidas en la “temida” página web.
La interacción, como la define Divina Frau-Meigs, está en un momento en que debe transformarse en el elemento distintivo de la e-democracia para no sucumbir a los vicios y degenerar en una simple interactividad que se limita a un vago diálogo entre las personas y el ordenador. Esta interacción facilitará la evolución de una democracia con mecanismos para ofrecer más información a los ciudadanos frente a la Administración hacia una democracia directa sostenida por nuevas comunidades con poder de consulta, decisión y colaboración con la gestión de los miembros del sistema tradicional de la Administración.
El interés político de los ciudadanos debe trasladarse al escenario tecnológico. Pero no es suficiente con el involucramiento en los temas que la opinión pública suele considerar como importantes. Se requiere, como lo concluyó el estudio 2.736 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), reunir un conjunto de recursos, entre los cuales están la capacidad del uso de Internet y la disponibilidad de tiempo, para el incremento de la participación política online. Por otra parte, están las actitudes positivas hacia todo lo relacionado con la política y la motivación dada por las posibilidades de incidencia directa en el desempeño de los políticos. Estos elementos se contraponen a la movilización, que en lugar de ser indispensable para hacer posible la participación política, es un facilitador. De hecho muchos movilizadores se orientan a personas ya convencidas y de quienes se espera una respuesta favorable. Empero, gracias a la NTIC las organizaciones sociales y políticas están logrando una magnificación de su accionar movilizador.
Volviendo al contexto 2.0, donde los usuarios se vuelven responsables de un porcentaje importante de los contenidos que se ven luego reflejadas en la pantalla del ordenador, cabe preguntarse ¿en qué medida la mayor complejidad de estas aplicaciones aumentará el impacto de las habilidades online sobre la participación? Considerando el hecho de que esta pregunta puede generar un estudio per se, se puede decir que ahora más que nunca la velocidad del desarrollo y mejoramiento de las NTIC va dejando rezagadas a aquellas sociedades que no logren incluir a tiempo nuevos estándares educativos que le provea a los ciudadanos de las pericias cognitivas necesarias para sacar el máximo provecho a las redes sociales, blogs, páginas de vídeos o fotos, etc.
Los investigadores del CIS se preguntan igualmente ¿en qué medida suponen las nuevas aplicaciones 2.0 modos de participación que requieren mayor iniciativa y autonomía, y por lo tanto motivación política por parte del ciudadano? La forma en que están estructuradas estas nuevas formas de hacer internet, necesariamente debe estar acompañada de un incentivo o contraparte en la realidad offline. No en vano, muchas de las redes sociales terminan en el depósito de todos los intentos de los políticos por ganarse la atención siquiera de sus potenciales votantes. A medida que en la realidad offline se vayan materializando los logros de una democracia electrónica, mayores serán los niveles de involucramiento e interés, tanto de la elite de políticos y organizaciones sociales como de los ciudadanos en general.
El aspecto de la especificidad de las herramientas tecnológicas 2.0 asegura un mercado a los estrategas que buscan vender las preferencias de los consumidores y por tanto implica la ejecución de un proceso de segmentación al estilo marketing. La autonomía de los usuarios podría verse entonces afectada por las intenciones de los grupos de poder tradicionales, no de ampliar los derechos civiles, sino de conseguir el bien más preciado para ellos: el voto.
El Big Bang del sistema democrático continúa su viaje al ritmo que imponen las necesidades sociales y económicas. Éstas constituyen la materia que enciende las pasiones y las acciones de la gente. No se puede convertir a las NTIC en la antimateria que genera valores contrarios y negativos, sino más bien en una energía que discurra paralela a las fuerzas expansivas para catalizar la mezcla de todas las ideologías, sentimientos, teorías, lenguajes y caracteres congénitos, que nos hacen diferentes. Allí está la clave de la ciberdemocracia, dar espacio a todos aquellos que continúan siendo marginados y menospreciados. Así se fue edificando el ideario político de la democracia, sobre la base de la participación igualitaria y mayoritaria de los habitantes de una zona geográfica.
Llegará un momento en que mandar un correo electrónico a un diputado, participar en foro, chatear con el candidato de preferencia, hacer ciber-peticiones o realizar una ciber-donación, indagar en el pasado de algún funcionario o ver el último vídeo de una organización pro derechos humanos, sean el denominador común más básico y cotidiano de los países libres. Se impondrá entonces una competencia para ofrecer el mejor y más creíble mecanismo superior para la elección de nuestros representantes dentro de un, también reformado, régimen de administración de la cosa pública.
La ciber-revueltas en el Magreb
Los que han resultado ser medios efectivos de protesta, tan impactantes como quemarse a lo bonzo, son la difusión del descontento a través de páginas web, la actividad intensiva de bloggers, el intercambio incesante de información a través de redes sociales como Facebook y Twitter y las convocatorias a través de redes telefónicas mediante llamadas, SMS y mensajes multimedia. Todo esto ha devenido en la intensificación de la participación política aguda de millones de personas en el mundo árabe, lo que trajo como consecuencia la caída de dos regímenes dictatoriales en menos de un mes en Túnez y en Egipto. Ha quedado demostrado que las NTIC pueden fungir de catapulta para los deseos apremiantes de organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos, gremios empresariales, medios de comunicación y profesionales del Periodismo, quienes, desde distintos ámbitos, convergieron en un grupo de objetivos comunes que llevaron a la materialización de ambas revoluciones sociopolíticas.

Tanta importancia están adquiriendo los espacios tecnológicos en la actividad política reciente (cuando existen también cantidad y calidad en la actividad offline), que en Egipto, semanas antes de la renuncia y huída del ex presidente Hosni Mubarak, un bloguero de ese país, Wael Abbas, fue protagonista de una crónica de la represión (encarcelamiento y tortura) que los valientes ciudadanos digitales sufren en Egipto. No es casualidad que junto a él, otro joven se ha transformado en ejemplo de lucha para defender las libertades cívicas. Se trata del jefe de marketing del buscador de Internet Google, Wael Ghonim, quien estuvo desaparecido varios días por apoyar las protestas desde una página de Facebook. Cuando fue liberado, fue recibido con gran emoción y devoción por los millones de personas que, desde las calles, hacían presión pidiendo la renuncia del Presidente.
El bloggero Wael Abbas, hecho muerto por la policía secreta del régimen de Mubarak, se ha convertido en un héroe visible de la generación red (como algunos la llaman) luego de ser apresado precisamente en un cybercafé de El Cairo, construyendo la ciberdemocracia.
NAHN.-